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Biarritz, donde el surf se sienta a la mesa con el lujo francés

Hoteles de leyenda, pintxos en el Port-Vieux y olas que doblan la rodilla, la guía de Madame Figaro México para descubrir el destino francés que nadie te ha contado todavía

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Biarritz es una de las joyas francesas por excelenciaGTRES

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Biarritz es el tipo de lugar que no necesita presentación para quien lo conoce y que para el resto del mundo es un secreto muy bien guardado. Los europeos lo saben desde hace décadas, cuando la emperatriz Eugenia de Montijo, española de nacimiento y francesa por matrimonio, lo eligió como su destino vacacional. Los estadounidenses lo descubrieron cuando los militares instalados en la base de Anglet bajaron a las olas de la Côte des Basques con sus tablas hawaianas y modificaron el ADN de la ciudad. Para los mexicanos, que tenemos entre nuestras virtudes el gusto del buen viaje, es un secreto que merece descubrir

Imagen de Port des Pêcheurs, en Biarritz, Francia
Imagen de Port des Pêcheurs, en Biarritz, FranciaGTRES

Biarritz tiene algo que ninguna otra ciudad francesa consigue con esa naturalidad, combinar surf con lujo y urbanismo aristocrático sin que ninguno parezca disfrazado. Es una ciudad donde puedes salir del agua a las nueve de la mañana, dejar la tabla en el rack del hotel, caminar cuatro minutos y sentarte a desayunar en un antiguo palacio real con terraza con vistas al Atlántico que ningún set de rodaje podría mejorar. Es la ciudad en la que Coco Chanel abrió su primera boutique y donde se acaba de crear el Festival Cine Nouvelles Vagues, un certamen dedicado a la juventud con jurado de artistas menores de 35 años, y que en su primera edición contó con la participación de Sofia Coppola.

La ciudad que lo tiene todo sin presumirlo

Biarritz empezó siendo un pueblo de pescadores vascos al que la emperatriz Eugenia de Montijo convirtió en destino imperial en 1854. Napoléon III mandó construir para ella una villa frente al mar y el gotha europeo siguió sus pasos. Lo que era un capricho de aristócratas se convirtió en la ciudad más elegante del Atlántico. Después llegó el surf, y con él una segunda identidad que convive con la primera sin fricciones. La de ciudad donde los surfistas del mundo entero llegan buscando las olas de la Côte des Basques y se quedan porque descubren que aquí se come extraordinariamente bien y el Atlántico al atardecer no tiene parangón en Europa.

En diez años Biarritz pasó de ser una estación balnearia que vivía al ritmo de las vacaciones escolares francesas a convertirse en un destino internacional animada también por sus deliciosos pintxos.  Las elegantes con traje de Hermès se han vuelto más escasas, reemplazadas por una población más joven que se cruza en las calles con patineta o tabla de surf bajo el brazo. Excepto en enero, cuando muchos comerciantes cierran, Biarritz vive ahora todo el año. Junio, septiembre y octubre son los meses ideales para aprovechar la costa vasca con luz dorada de fin de temporada y sin las multitudes de agosto.

Dónde dormir

Hotel du Palais — 1, avenue de l'Impératrice

La Villa Eugénie original, el palacio que Napoléon III construyó para su esposa en 1855 y que lleva más de un siglo siendo la dirección imposible de ignorar en Biarritz. Reabrió en 2021 tras una renovación colosal que preservó el espíritu del lugar entre historia y modernidad. Sus 142 habitaciones incluyen 56 suites, spa Impérial de 3.000 metros cuadrados con piscina, hammam, jacuzzi e instituto Guerlain. El restaurant La Rotonde tiene estrella Michelin y vistas directas al Atlántico. Las habitaciones con vista al océano son las que vale la pena pedir.

Regina Experimental — 52, avenue de l'Impératrice

La arquitecta de interiores Dorothée Meilichzon, a cargo de todas la decoración de los hoteles de Experimental Group, renovó las 72 habitaciones en tonos pastel de azul y verde menta, firma de un arte de vivir a orillas del mar. Las habitaciones con vistas al mar dan la sensación de estar a bordo de un barco, tan cerca parece el océano. El restaurante está pilotado por el chef Gregory Marchand, hay bar de cócteles, una apuesta del grupo en todos sus establecimientos,  spa y piscina exterior. Para quien quiere el lujo de Biarritz sin la solemnidad del palace histórico. 

Hotel de La Plage — 3, esplanade du Port-Vieux

Situado en el Port-Vieux con una vista increíble sobre el Rocher de la Vierge. Este boutique hotel decorado por el diseñador Olivier Granet tiene objetos sourcés por él mismo, una fresque de recepción que representa la ondulación de una ola firmada por Supakitch, y un rooftop para tapas y cócteles al atardecer. Lo que amarás de él: bajar en albornoz por la mañana y darse un baño en el océano antes del desayuno.

Dónde comer y beber

Carlos — 7, boulevard du Prince de Galles

Este es el lugar que define el Biarritz contemporáneo mejor que ningún otro. En el Carlos se toma un poke bowl después de una sesión de surf, un café en las gradas para leer una revista o descubrir un libro de la biblioteca, tapas regionales con un cóctel del barman, platos tradicionales revisitados por el chef con carta de vinos de aquí y de allá. Desde las gradas, después de la playa, se ve pasar el tiempo, los surfistas, los rostros de la costa.

El restaurante lleva el nombre de Carlos Santana, el guitarrista mexicano que descubrió la Côte des Basques y convirtió este spot frente al océano en su lugar favorito de Europa. Sin reservas. Llega temprano o acepta esperar mirando las olas, que tampoco es tan difícil. No te extrañes si te encuentras a Madonna o Vicent Cassel.

Muxu — Port des Pêcheurs

Justo encima del Puerto de los Pescadores, con terraza al aire libre y especialidades vascas recién preparadas. El muxu, cuyo nombre significa beso en euskera, es la pequeña golosina vasca popularizada por maison Pariès que ha ganado fama en Biarritz. Se elabora con almendras trituradas mezcladas con azúcar y clara de huevo y se degusta solo o con sabor a pistacho, café o avellanas. Pide la sangría con pimiento de Espelette. Es la dirección que Madame Figaro Francia recomienda desde hace años.

Bar Jean — 5, rue des Halles

El corazón gastronómico real de Biarritz es el mercado de Les Halles, y el Bar Jean es su institución principal desde los años treinta. Pintxos, chipirones, merluza, …. Abre siete días a la semana sin reserva, de diez de la mañana a las dos de la noche. Los locales llevan dos generaciones pidiendo lo mismo de siempre y tienen razón.

APRÈS-DEMAIN— 1, rue du Lycée

En el barrio Saint-Charles, el joven chef Matthias Leuliette ofrece una cocina digna de un gran restaurante con estrella, con menú único de tres o cinco platos donde los ingredientes aparecen escritos en una hoja A5 guardada en el cajón bajo la mesa. Reserva obligatoria, de martes a sábado a partir de las 18h.

Qué hacer

Las olas de la Côte des Basques

Biarritz cuenta con la fascinante  Côte des Basques, en la cual se puede disfrutar de su oleaje.
Biarritz cuenta con la fascinante Côte des Basques, en la cual se puede disfrutar de su oleaje.jean-luc cochonneau/GTRES

Es la razón por la que Biarritz es Biarritz. La playa donde el surf llegó a Europa en los años cincuenta, donde los surfistas del mundo entero siguen llegando en peregrinación y donde el espectáculo de las olas grandes en otoño no tiene equivalente en la costa francesa. No necesitas surfear para entenderlo,  basta con sentarse en las gradas del Carlos al atardecer y ver a los buenos buscar la ola perfecta mientras el sol cae sobre el Atlántico.

El mercado de Les Halles

El piment d'Espelette está en todas las recetas de Biarritz. El pimiento dulce de Anglet, cuyo sabor es suave y azucarado, se usa para preparar la piperade, el plato estrella de la ciudad con tomates maduros, cebolla, ajo y las dos variedades de pimiento, con huevos batidos al final de la cocción y una loncha gruesa de jamón de Bayona. Compra algo en el mercado, come de pie, entiende la cocina vasca antes de sentarte en ningún restaurante.

El Rocher de la vierge y la Grande Plage

La Rocher de la Vierge (Roca de la Virgen) ofrece una de las vistas más espectaculares de Biarritz.
La Rocher de la Vierge (Roca de la Virgen) ofrece una de las vistas más espectaculares de Biarritz.GTRES

La roca conectada a tierra por una pasarela de Gustave Eiffel ofrece las vistas más espectaculares de la costa al atardecer. La Grande Plage flanqueada por el casino, donde Chanel presentó su último desfile de crucero con Matthieu Blazy, tiene esa calidad de los lugares donde demasiada historia se acumula en el mismo sitio para resultar ordinaria.

El festival Nouvelles Vagues

Si coincides con finales de junio, Biarritz acoge el Festival Internacional de Cine Nouvelles Vagues, un certamen dedicado a la juventud con jury de artistas menores de 35 años, proyecciones en la playa y el respaldo de Chanel como patrocinador. El festival quiere "contar la juventud y remitirse a su visión", con una selección de films internacionales que funciona como una fotografía apasionante del mundo de hoy. Es exactamente el tipo de evento cultural que convierte un viaje a Biarritz en algo más que una escapada de playa.

Una excursión a Ainhoa o Saint-Jean-de-Luz

Si tienes más de dos días —y deberías tenerlos— Ainhoa es uno de los pueblos más hermosos de Francia, a treinta minutos de Biarritz, con esa arquitectura vasca de fachadas blancas y vigas rojas que hace que cualquier fotografía parezca tomada en otro siglo. Saint-Jean-de-Luz, a veinte minutos en dirección norte, tiene una bahía perfecta, una playa excepcional y uno de los mejores mercados de la región.

Cómo llegar y cuándo ir

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Biarritz es una de las joyas francesas por excelenciaGTRES

Biarritz tiene un aeropuerto propio, el Biarritz-Anglet-Bayonne,  con vuelos desde las principales ciudades europeas. Desde Ciudad de México,  el acceso más directo es vía París o Madrid con conexión a Biarritz o San Sebastián, la ciudad española que está a cuarenta minutos en coche.

Junio y septiembre son el momento óptimo para quien quiere lo mejor de Biarritz, el clima, la luz atlántica, las olas— sin la saturación del verano.La temporada alta es julio y agosto, cuando la ciudad está en su versión más vibrante y los precios hoteleros en su punto más alto.