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Tu jefe no es tóxico. Tu portfolio social de trabajo, sí, según la universidad de Harvard

Un estudio de Harvard Business School revela que el estrés laboral no proviene únicamente de las personas difíciles, sino de la monotonía en nuestras interacciones diarias 

Dos personas con computadora
La importancia de las relaciones laborales en nuestra salud mentalGTRES

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Nos ha pasado que sentadas en el escritorio la mañana de un miércoles cualquiera, escuchamos cómo la compañera del cubículo de enfrente cuenta por séptima vez esta semana los detalles de su divorcio, mientras el jefe de área le copia a recursos humanos en un correo completamente innecesario, y piensa: ¿por qué esto me afecta tanto si técnicamente estoy haciendo mi trabajo?

La respuesta, según la ciencia, tiene más capas de lo que parece. Y empieza con un dato que el IMSS lleva años documentando: el 75% de los trabajadores mexicanos sufre fatiga por estrés laboral, un porcentaje que supera al de China, que es de 73%, y al de Estados Unidos  que es 59%. México es el país que más estrés laboral acumula porque no hemos entendido bien de dónde viene ese estrés ni, por tanto, cómo tratarlo.

Un equipo de investigadores de Harvard Business School acaba de publicar en Proceedings of the National Academy of Sciences un estudio que ofrece una respuesta. Se llama "Relational diversity in social portfolios predicts well-being" y su conclusión central es tan simple como incómoda. Tu bienestar laboral no depende de cuánto socializas en el trabajo. Depende de con quién. Y de que ese "con quién" sea variado, equilibrado y no monotemático.

El experimento mental que nadie quiere hacer

Antes de continuar, un ejercicio rápido. Piensa en las personas con las que has interactuado hoy en el trabajo. No cuántas sino de qué tipo. ¿Tu jefa directa? ¿Tus tres compañeras de equipo de siempre? ¿El mismo chat de WhatsApp laboral de los últimos dos años? Si trabajas en modalidad híbrida o remota, suma los grupales de Zoom, los canales de Slack y las reuniones de seguimiento semanal que podrían perfectamente resumirse en un correo de cuatro líneas.

Ahora medita ¿cuántos de esos vínculos te resultan genuinamente nutritivos? ¿Cuántos son simplemente inevitables? ¿Y cuántos llevan meses, o años, funcionando en un registro que los expertos llamarían tóxico y tú llamas simplemente "así es el ambiente aquí"?

La diversidad relacional del portfolio social es  la riqueza y el equilibrio de los tipos de relaciones a través de las interacciones sociales. Esta diversidad relacional predice el bienestar por encima y más allá del total de interacciones de una persona. Traducido al contexto laboral: no basta con tener muchas interacciones en el trabajo. Si todas son del mismo tipo — mismo nivel jerárquico, mismo registro emocional, misma dinámica de poder, mismo grado de toxicidad instalada — el efecto sobre tu bienestar es el opuesto al que predice la teoría optimista de "rodearse de gente".

El trabajo tóxico no se queda en la oficina

El IMSS reconoce que el estrés laboral puede ser causa de incapacidad y en 2023 se actualizó la Ley Federal del Trabajo para incorporarlo formalmente como enfermedad laboral modificando el artículo 513 que no se había tocado desde 1970. No es un problema de sensibilidad individual, es un problema estructural.

Sin embargo seguimos hablando de "relaciones laborales tóxicas" como si fueran un fenómeno raro, producto de circunstancias específicas y personalidades difíciles. El mencionado estudio de PNAS sugiere que el problema es estructural, no personal  y que lo estamos diagnosticando sistemáticamente mal.

El trabajo nos consume una tercera parte de la vida consciente. Que ese tiempo nos drene o nos nutra depende, más de lo que pensamos, de la composición de nuestras relaciones dentro de él. No solo de si son o no son tóxicas, sino de si son o no son diversas.

Ahí está el mecanismo completo. El trabajo tóxico no se queda en el trabajo. Sale contigo por la puerta de la oficina, se sube al metro o al coche, llega a tu casa y se sienta a cenar con tu familia. Lo hace porque ha consumido tu capacidad de interactuar con otros tipos de vínculos. Precisamente los que el estudio de Harvard identifica como los que reponen, en lugar de los que drenan.

El error de diagnóstico más común

Aquí viene la parte incómoda, y es donde el estudio de PNAS resulta especialmente útil, la mayoría de las personas diagnosticamos mal el problema.

Cuando alguien dice "tengo un compañero de trabajo tóxico", generalmente está describiendo a una persona específica. Se suele refereir al que nunca cumple los plazos, la que monopoliza las reuniones, el jefe que copia a medio mundo en correos sin razón aparente, el compañero que contesta inadecuadamente, el que escribe fuera de horario laboral. El diagnóstico implícito es que si esa persona desapareciera del entorno, el problema se resolvería.

Pero lo que el estudio de Harvard demuestra, con más de 50.000 participantes en cuatro muestras distintas y distintos continentes, es algo más estructural. Por encima del total de interacciones y de la diversidad de actividades, la relación positiva entre la diversidad del portfolio social y el bienestar es robusta a través de diferentes métricas y categorías de relación.

El problema no es la persona difícil. El problema es cuando tu vida social laboral se reduce a un tipo de vínculo,  sea este excelente o nefasto.

Una oficina donde todos son maravillosos pero todos tienen el mismo perfil, la misma jerarquía, el mismo registro emocional y las mismas conversaciones recurrentes puede ser, según esta lógica, igual de empobrecedora que una oficina con conflictos. Porque el portfolio es monótono. Y un portfolio monótono, aunque sea amable, rinde mal.

Lo que hacemos mal con el networking emocional en el trabajo

La conversación de cinco minutos con la persona de contabilidad a quien apenas conoces, el intercambio con alguien de otro departamento en la cocina, la llamada con un proveedor externo que resulta ser una persona interesante. Esas interacciones que solemos clasificar como "pérdidas de tiempo" tienen un valor de bienestar que la ciencia cuantifica y que nosotras sistemáticamente subestimamos.

Lo que hacemos en cambio es exactamente lo contrario a lo que la ciencia recomienda. Nos atrincheramos en nuestro equipo inmediato, gestionamos la toxicidad del ambiente reduciendo el contacto a los mínimos necesarios y terminamos con un portfolio social laboral que es muy denso en vínculos difíciles y muy pobre en vínculos nuevos o distintos.

El resultado está en las estadísticas del IMSS: estrés crónico, agotamiento emocional, síndrome de burnout instalado como estado de fondo. No porque el trabajo sea intrínsecamente dañino — sino porque la forma en que estructuramos nuestras relaciones dentro de él nos ha dejado sin los recursos emocionales para procesarlo.

Diversificar adentro y afuera

El antídoto que propone la investigación publicada en PNAS no es abandonar los vínculos difíciles sino enriquecer activamente el portfolio con tipos de interacción que lo compensen.

En términos laborales, recomienda buscar deliberadamente contacto con personas fuera de tu equipo inmediato. Acepta la invitación del café con la persona de otro departamento. Sal a comer con alguien distinto de las personas con quienes siempre comes. Si trabajas en remoto, crea rituales de contacto informal con personas distintas a las de tu agenda recurrente. Participa en proyectos transversales. Habla con el proveedor como si fuera una persona interesante, no solo como si fuera un trámite.

Y sobre todo: cuida que tu vida social fuera del trabajo no sea una extensión de tu vida social dentro de él.