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Kimchi, 'ear seeds' y baños colectivos… Atención, el K-Wellness irrumpe en Occidente

Tras revolucionar el cuidado facial con la K-Beauty, Corea del Sur se consolida como el laboratorio del bienestar holístico
De la medicina ancestral 'hanbang' a la inteligencia artificial, así es la filosofía que busca equilibrar cuerpo y mente

Una mujer disfrutando del K-wellness
Una mujer disfrutando del K-wellnessPexels

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Tras haber invadido nuestros cuartos de baño con sus rituales de belleza ultracodificados —del doble limpiador a las esencias preciosas pasando por las mascarillas de tela—, Corea del Sur se convierte en el nuevo laboratorio del bienestar. 

"El K-wellness aparece como la continuación lógica de la K-beauty, porque se inscribe en una tendencia de fondo a favor de un enfoque más holístico del bienestar", explica Chloé Arjona, directora del departamento de belleza de la agencia NellyRodi. Su éxito radica en su capacidad para cristalizar las grandes aspiraciones del momento: la búsqueda de naturaleza y de experiencia, la medicina preventiva y la fascinación por las innovaciones asiáticas.

Los clientes ya no preguntan cuál es el producto más eficaz sino cómo puedo cuidar mi piel mientras cuido mi mente' Mélanie Maduit, de Miin cosmetics 

El K-wellness reivindica una lógica de equilibrio en el día a día, y es precisamente lo que buscan los consumidores. Mélanie Mauduit, directora de marketing en MiiN Cosmetics, y especialista en belleza coreana, lo comprueba a diario. 

"Los clientes ya no preguntan ¿cuál es el producto más eficaz? sino ¿cómo puedo cuidar mi piel mientras cuido de mi mente?". En Corea, se habla incluso de feel economy: los consumidores buscan menos responder a una necesidad funcional y más a mejorar su estado de ánimo, su equilibrio emocional y su calidad de vida.

Tradición y tecnología

La fuerza del K-wellness es fusionar tradición y tecnología. Por un lado, bebe del hanbang, medicina tradicional coreana fundada en la búsqueda de la armonía entre el cuerpo y la mente. 

La dietética ocupa allí un lugar central, con alimentos fermentados y funcionales como el kimchi, el doenjang (pasta de soya) o el ginseng, cuyos beneficios son hoy ampliamente difundidos en las redes sociales. 

Otras prácticas ancestrales son hoy reinterpretadas a través del prisma de la innovación. 

Las ear seeds son un buen ejemplo de ello. Inspiradas por la acupuntura y popularizadas por las estrellas del K-pop, como Lisa de Blackpink, son esas pequeñas semillas se aplican en zonas estratégicas de la oreja para favorecer la relajación y el equilibrio energético.

Vemos también brotar cada vez más social clubs que reinterpretan la herencia del baño colectivo con un enfoque contemporáneo que mezcla sauna, baño frío y dimensión social, en un espíritu cercano al jjimjilbang coreano. En París ya han abierto dos centros así, Ground Control y Re/Set. 

Otra expresión de esta búsqueda de armonía es la silvoterapia. Está integrada desde hace tiempo en Corea del Sur a través de una red de "bosques de curación" con efectos probados en la tensión arterial y la bajada de cortisol. En Francia, los hoteles más prestigiosos, como Les Sources de Cheverny o La Grée des Landes y el eco-hotel spa de Yves Rocher, proponen también este tipo de inmersión.

Un cambio de estilo de vida

En el otro extremo del espectro, el K-wellness revela otra cara de Corea: la de un ecosistema high-tech donde la innovación y la personalización se encuentran.

 

Diagnósticos de piel asistidos por la IA, objetos conectados, análisis individualizados y aplicaciones dedicadas al seguimiento de la salud ilustran esta idea del bienestar aumentado.

 La tienda concepto Olive Young encarna perfectamente esta visión. Algunos ven en ella el equivalente coreano de Erewhon, el templo del bienestar en Los Ángeles. 

Allí se encuentran antifaces para los ojos que favorecen el sueño, bebidas funcionales e incluso tapetes de vibraciones que prometen reproducir en cinco minutos los beneficios de 10,000 pasos… "Pienso que el K-wellness tiene un potencial muy fuerte, pero probablemente con una evolución más progresiva que la K-beauty", concluye Mélanie Mauduit. "No se trata de una tendencia puntual sino de un verdadero cambio de estilo de vida que bien podría instalarse duraderamente".