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Dormir con luz daña tu corazón, lo dice la ciencia

Un estudio realizado por doctores de la Universidad de Tulane y publicado en European Heart Journal revela que la luz nocturna altera la estructura del corazón e incrementa el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares

Sueño
DormirPexels

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Un exhaustivo estudio publicado hace dos semanas en la la publicación médica European heart journal revela por primera vez que la exposición continua a la luz artificial durante la noche induce cambios físicos y funcionales en el músculo cardiaco, un fenómeno conocido como remodelado adverso.  Esto se traduce en que mantener la recámara en oscuridad absoluta, recurrir a cortinas blackout y erradicar las pantallas antes de dormir ya no es solo una sugerencia de higiene del sueño, es una medida preventiva esencial para preservar la estructura y juventud de nuestro corazón. 

La investigación fue dirigida por el profesor Lu Qi, de la Tulane University (Estados Unidos), junto con los investigadores Jin Dai, Wen Dai y Yoriko Heianza. El equipo  analizó los datos de 11.071 personas que llevaron durante una semana un dispositivo en la muñeca capaz de registrar la cantidad de luz a la que estaban expuestas durante la noche. Unos tres años después, los investigadores estudiaron su corazón mediante resonancia magnética para observar posibles cambios en su estructura y funcionamiento. Además, analizaron durante aproximadamente ocho a diez años la aparición de enfermedades cardiovasculares en un grupo más amplio de 73.286 participantes. 

Los resultados asociaron una mayor exposición a la luz nocturna con determinadas alteraciones cardíacas y con un mayor riesgo de varios problemas cardiovasculares, aunque, al tratarse de un estudio observacional, los resultados no permiten afirmar que la luz nocturna sea por sí sola la causa de estas alteraciones.

La investigación demuestra que niveles tan bajos como 3 lux (que sería el equivalente a la iluminación de una pantalla encendida o la luz que se filtra por una cortina delgadita) son suficientes para alterar perjudicialmente la estructura de las cavidades cardiacas. De hecho, los datos de resonancia magnética analizados tres años después de medir la exposición lumínica de los participantes en el estudio, mostraron alteraciones en la geometría del corazón. Las alteraciones que mostraron fueron:

Hipertrofia concéntrica del ventrículo izquierdo,  los participantes expuestos a mayor luz nocturna presentaron un incremento del 2.4% en la masa del ventrículo izquierdo y un aumento del 1.5% en el grosor medio de sus paredes. El músculo se engrosa para compensar el esfuerzo.

Pérdida de capacidad de deformación, se registró una disminución de casi el 3% en los índices de contracción miocárdica (circunferencial, radial y longitudinal), lo que significa que el corazón pierde elasticidad y eficiencia en cada latido.

Dilatación de cavidades secundarias, el impacto se extendió a la aurícula izquierda y al ventrículo derecho, mostrando aumentos de volumen y ligeras reducciones en sus fracciones de expulsión.

¿Cómo logra una luz tenue alterar la estructura de un órgano interno?

La pregunta que nos hacemos todos es como una luz tenue que es la que la mayoría utilizamos causa la disrupción del ritmo circadiano, el sistema de sincronización biológica que adapta nuestro organismo al ciclo de 24 horas de luz y oscuridad. La luz nocturna suprime la segregación de melatonina, la hormona encargada de regular el descanso y proteger la función vascular.

Los análisis de mediación del estudio confirmaron que entre el 24% y el 49% del efecto dañino de la luz sobre la estructura cardiaca está explicado directamente por la reducción en la duración del sueño. Dormir menos y peor activa el sistema nervioso simpático, eleva la presión arterial nocturna y favorece la inflamación sistémica, desencadenando la alteración tisular.

El estudio no se limitó a las imágenes anatómicas. Durante un seguimiento clínico realizado durante casi i una década en más de 70,000 adultos, la alta exposición a la luz nocturna se tradujo en un incremento drástico de desenlaces vasculares graves como un +33% de riesgo de sufrir un ictus, +29% de probabilidad de desarrollar insuficiencia cardiaca, +24% de riesgo de infarto agudo de miocardio y un +26% de aumento en la mortalidad cardiovascular general.

En contraste, el estudio analizó la exposición a la luz solar diurna (>1000 lux) y no encontró ningún efecto perjudicial, lo que demuestra que el problema no es la luz en sí, sino recibirla a la hora equivocada.