Entrevistamos a la arquitecta Rozana Montiel: 'En México, tenemos la capacidad creativa de hacer mucho con poco'

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Arquitecta pero también pensadora, escritora, editora, profesora y referencia, Rozana Montiel es una de las voces fundamentales de la arquitectura contemporánea mexicana. Su sólida trayectoria abarca desde proyectos residenciales privados e investigación académica hasta la docencia y la publicación de ensayos teóricos además de la participación en las Bienales de Venecia, São Paulo y Rotterdam. Ha sido galardonada, entre otros, con el Global Award for Sustainable Architecture, el Moira Gemmill Prize for Emerging Architecture y el Emerging Voices Award de The Architectural League de Nueva York .

Como fundadora de Rozana Montiel Estudio de Arquitectura, la creadora tapatía explora desde la investigación teórica hasta intervenciones urbanas que redefinen el espacio público mediante la participación de sus habitantes y sobre esto platicó ante los alumnos de IE School of Architecture & Design en Madrid que tuvieron el honor de que participara en su ciclo de Common(s) donde compartió su visión sobre el espacio público, la participación ciudadana y cómo la arquitectura y el diseño pueden tejer comunidad y transformar vidas desde la acción compartida.
Con motivo de su participación en el ciclo, dialogamos con Rozana Montiel sobre el espacio compartido y su visión del diseño contemporáneo.
Como docente e investigadora que imparte clases en París y en diversas instituciones internacionales, además de ser una arquitecta ampliamente premiada, ¿qué significa para ti enfrentarte al público universitario?
Me interesa mucho hacer una conexión cercana con los alumnos, que no solamente yo sea quien presenta, sino que haya una retroalimentación constante. Me parece muy importante que se rompan los foros. Incluso cuando creamos un círculo se genera una dinámica completamente distinta, mucho más homogénea, menos jerárquica. Me interesa mucho que desde el lugar también se trabaje como con una horizontalidad, más que con una verticalidad. Entonces eso hace que, pues, todos los alumnos, con los espectadores, pues sí se conecten mucho más con estas ideas.
Tú estás relacionada con los aspectos comunes que trabajas mucho en tu obra ¿cómo ves en la arquitectura actual de las ciudades, que cada vez está más fragmentada, privatizada e independiente?
Nosotros tenemos un término que nos interesa mucho que se llama común-unidad. Todo surge de esta idea de llegar a una unidad habitacional en donde todo estaba dividido, todo estaba separado por temas de inseguridad, por temas de propiedad privada, por temas de mallas. Entonces, creo que al romper esta unidad por una común-unidad, tiene que ver con cómo podemos transformar las barreras, que se vuelvan otra vez democráticas, horizontales. Que una vertical se vuelva horizontal es un ejercicio que hemos hecho mucho. Me interesa esta idea de asociar la arquitectura con la gente, cómo ambos interactúan en paralelo. Creo que desde ese lugar y desde el juego, lo lúdico, podemos como reinterpretar esa idea de unidad en una comunidad.
Desde el punto de vista de la arquitectura y el concepto de vida mexicano, ¿qué incorporarías tú a otras comunidades arquitectónicas?
Creo que como en México tenemos la capacidad creativa de hacer mucho con poco,encontrar la abundancia en estas escenas y resignificar lo que vemos para darle uso. Cualquier cosa que vemos, el mexicano lo utiliza, le da la vuelta, lo resignifica y lo convierte en algo multifuncional. Y creo que si este pensamiento entra desde el lugar de en cómo se hace y no solo con qué, podemos hacer un cambio.

Tenemos que trabajar desde un inicio con la comunidad y no solo para la comunidad
¿Ha habido alguna ocasión en la que una comunidad te haya hecho cambiar el concepto que tenías inicialmente para un proyecto?
Sí, un ejemplo fue precisamente en una unidad habitacional en donde teníamos que rehabilitar cuatro patios distintos, de distintos complejos. Había cuatro patios. En nuestra idea de arquitectos, viéndolo desde arriba, pensamos que era mucho más interesante que esos cuatro patios fueran diferentes y que pudiéramos brindarles más programa, que tuvieran diversidad. Cuando llegamos con esa idea nos dijeron: "No, pero nosotros lo queremos igual, queremos las canchas". Ellos nos decían: "No, es que yo nunca visito el otro patio. Entonces, ¿por qué querría que fuera diferente?".
Tenemos que trabajar desde un inicio con la comunidad y no solo para la comunidad. Sumar como arquitectos la visión que podamos traer. ¿Quieren un techo? Pues les damos mucho más que el techo: una estructura multifuncional en donde no solamente cubre, sino que también hay juegos, la gente puede participar de distintas maneras, hay interacciones. Con una observación que yo le llamo una mirada activa y una escucha profunda, que hace que como arquitectos podamos diseñar algo que la comunidad adopte mucho, no desde mi posición, sino desde una colaboración.
¿Tu motivación principal radica exclusivamente en el servicio comunitario por encima de los proyectos privados e institucionales?
A mí lo que me interesa es el diseño. Y creo que el diseño va desde una comunidad hasta una casa muy familiar. Para sostener y balancear la oficina también se necesitan de los proyectos privados, los institucionales. Me interesa trabajar con la comunidad para poder brindar no solamente a una persona, sino que todo lo que hacemos llegue muchas veces por un bien común. Tengo una convicción y tengo una postura, la aplico a los proyectos privados, a las exposiciones, a la investigación, a los proyectos públicos. No importa el tipo de encargo, lo que importa es el pensamiento que hay detrás: cómo se aplica el uso de pocos materiales, ser mucho más eficientes con los recursos, tratar de trabajar con cosas locales, resignificar ciertos elementos y trabajar con la idea del espacio, la luz y la materia en su máxima expresión. Eso se aplica en todos los diseños.
¿Qué conceptos han cambiado desde que empezaste?
Cuando estudié, siempre nos enseñaron que la arquitectura era el objeto terminado, en general. Aprendiendo a trabajar con las comunidades te das cuenta de que es todo lo contrario. El objeto, el edificio, se activa cuando se acaba la obra. Se empieza a activar en ese momento y los usuarios se apropian y lo transforman. Tenemos como arquitectos que tener la capacidad de dejar que los usuarios se apropien y puedan transformarlo orgánicamente, y no pensar que lo que hicimos se queda estático. Creo que siempre hay movimiento y ese movimiento hace como un efecto dominó que una cosa active a la otra y a la otra, y eso abre espacio a nuevas formas de hacer arquitectura.


El objeto, el edificio, se activa cuando se acaba la obra. Se empieza a activar en ese momento y los usuarios se apropian y lo transforman
¿Cuáles son tus referencias en diseño?
Creo que la inspiración está en salir a la calle y observar. Si algo me puede inspirar es estar en el centro histórico de la Ciudad de México, entender sus capas, prehispánicas, coloniales, modernas, contemporáneas, y saber que estamos sobre una sobre la otra. Podemos ver el tiempo a partir de esas capas, el pasado, el presente y lo que viene. Me interesa ver también las dinámicas de la ciudad y cómo, por ejemplo, los ambulantes son los que generan un reloj urbano con sus sonidos. Sabemos cómo se maneja la ciudad a partir de ellos. Me interesa mucho esa observación de los artefactos, cómo los resignifican y cómo se mueven por esta ciudad en las calles. Me gusta mucho hacer caminatas a la deriva e irme encontrando cosas que son inspiración para los diseños. Sentir la ciudad en su sentido más intenso.
¿Qué espacio cotidiano de tu infancia recuerdas con especial intensidad?
Recuerdo tres cosas que después van haciendo este archivo de referencias que desde niña vas juntando y que luego salen en un proyecto. La primera es que mis papás me llevaban a un club deportivo y había un pasillo muy largo donde había unos hoyos que, en lugar de poner "Tire aquí la basura", decía "Tiren a los niños". Eran unos toboganes. Era muy divertido porque solo veías hoyos en las paredes y no sabías qué iba a pasar. Cuando me aventaban en esa espiral de tobogán, que yo recordaba muy extensa, siempre me imaginaba a Alicia en el país de las maravillas, pensando que cuando llegara al suelo, en ese espacio intermedio de transición, algo iba a cambiar de escala o de dinámica. Después se volvió algo muy importante en mi realidad. Trabajar con los espacios intermedios, estos espacios liminales, la transición y lo que sucede en el viaje.
Otro ejemplo es que mis papás coleccionaban arte y había un cuadro de una pintora española refugiada en México, Remedios Varo, que tenía estas máquinas y artefactos muy interesantes. Fue una inspiración porque yo dormía arriba de ese cuadro y pensaba que el sueño de ella me llegaba. Mi obsesión por los artefactos creo que viene de ahí.
Y la tercera es que yo vivía en el Pedregal, una área de rocas volcánicas donde hace cientos de años la lava del volcán había llegado y dejado un sitio que en su momento parecía inútil, nadie quería estar ahí. Luis Barragán y Mathias Goeritz vieron ese paisaje como algo fértil que podían transformar y es cuando empiezan a desarrollar El Pedregal. Yo vivía ahí, rodeada de piedras volcánicas muy grandes, y mis juegos eran poner telas entre las rocas para hacer refugios. De ahí viene mi interés por los materiales locales, por la piedra como una plataforma o inicio hacia algo más.
