Por qué el cerebro antes de los 6 años es zona de riesgo, lo que dice un estudio de la neurociencia sobre la adicción al juego
Las conclusiones de los expertos sobre el impacto de los videojuegos en niños han encendido las alarmas

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Encontrar el equilibrio en la crianza contemporánea tiene desafíos añadidos especialmente cuando se trata de la inevitable exposición a la tecnología. Mientras las pantallas transforman nuestras dinámicas familiares, la ciencia comienza a arrojar luz sobre las verdaderas implicaciones que tiene introducir los videojuegos a edades tempranas y sus conclusiones son para asustar.
Un reciente y revelador estudio neurocientífico ha encendido las alarmas al demostrar que la etapa preescolar es una ventana de vulnerabilidad crítica para el desarrollo de adicciones en la edad adulta. La investigación se titula “Is early childhood exposure a key predictor of adulthood problematic gaming?” (¿Es la exposición en la primera infancia un predictor clave del juego problemático en la edad adulta?) y la han liderado los investigadores Shannon A. H. Compton, Paul F. Tremblay, Elizabeth A. Osuch y Derek G. V. Mitchell para la Universidad de Western Ontario en Canadá y publicado en la prestigiosa revista científica Plos One.
El cerebro antes de los 6 años es una ventana crítica

Tradicionalmente, se ha pensado que el riesgo de desarrollar el Trastorno por Juego en Internet (IGD en sus siglas en inglés) estaba directamente relacionado con la cantidad de horas que los adolescentes pasan frente a la consola. Sin embargo, la investigación demuestra que el hábito de juego durante la etapa que va de los 0 a los 5 años es el predictor más fuerte de la severidad de los síntomas de adicción al juego cuando llegan a adultos.
Para entender este fenómeno desde la neurociencia, debemos mirar la maduración cerebral. Antes de los 6 años, el cerebro infantil posee una plasticidad excepcional, pero sus mecanismos de control inhibitorio es decir, la capacidad de frenar impulsos y autorregularse, aún están subdesarrollados. Al introducir estímulos hiperestimulantes como los videojuegos en esta fase, el cerebro aprende a procesar las recompensas de una manera acelerada y artificial.
Sorprendentemente, el grupo de participantes en este estudio que mostró un crecimiento rápido de horas de juego en la adolescencia, pero que no había jugado en el preescolar, presentó niveles menores de adicción en la edad adulta. Proteger la infancia temprana funciona, literalmente, como un escudo neurobiológico.
Desmontando el mito del 'gamer' solitario

Además del factor de la edad, el estudio publicado en Plos one aporta un segundo dato fundamental para la salud mental contemporánea: el contexto social del juego. Al contrario de lo que ocurre con el abuso de sustancias donde el consumo en solitario suele ser indicador de una mayor gravedad, la adicción a los videojuegos en adultos está fuertemente vinculada al juego con otras personas, especialmente con desconocidos en entornos en línea.
Los investigadores de la Universidad de Western Ontario sugieren que el verdadero riesgo detrás del juego online no es la tecnología en sí misma, sino una desconexión en el mundo real. Los jugadores problemáticos tienden a suplantar el apoyo social y las relaciones de su entorno físico por comunidades virtuales compuestas por extraños. La necesidad humana de conexión se desvía hacia un entorno digital que retroalimenta el ciclo de la dependencia.
Los resultados de este estudio no pretenden sembrar un pánico moralista hacia la tecnología, sino dotar a las familias de un criterio firme basado en la ciencia. Las pautas pediátricas internacionales ya advierten que el juego digital no es recomendable antes de los 2 años y debe limitarse a un máximo de una hora diaria entre los 2 y los 5 años. La neurociencia ahora respalda empíricamente esta recomendación.

Retrasar el uso de consolas y dispositivos de juego interactivos hasta que los mecanismos de autocontrol cerebral estén más maduros es la estrategia de prevención más efectiva. En un mundo hiperconectado, el verdadero lujo y el acto de bienestar más profundo que podemos ofrecer a las nuevas generaciones es asegurar una primera infancia analógica, protegida y arraigada en el mundo real.
Puedes consultar la investigación completa y sus datos en la publicación oficial de PLOS ONE a través del siguiente enlace: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0348901