Michelle Pourroy eleva el diseño floral a escala monumental desde Guadalajara y enseña cómo la creatividad puede ser un negocio rentable

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El nombre de Michelle Pourroy es sinónimo de distinción en el diseño floral de las bodas más memorables del país. Eso es porque Michelle nunca ha pensado como una florista convencional, es una artista y empresaria de visión monumental. Su mirada no se detiene en la composición de un arreglo, sino en la escala, la luz y la arquitectura del espacio, creando auténticas esculturas efímeras de flores, hojas, ramas y más elementos de la naturaleza.
Desde su base en Guadalajara, la creadora ha consolidado este verano su nueva expansión, el debut de Creative Institute, una plataforma nacida para compartir técnica y herramientas con una nueva generación de creativos. Su primera iniciativa ha sido el workshop Overgrown floral sculptures donde ha reunido a creativos llegados desde distintas partes del mundo para enseñarles a organizar un negocio rentable a través de su creatividad.

Con el lanzamiento de Creative institute, apuestas por compartir técnica, visión pero también herramientas empresariales
Yo nunca encontré una universidad o una plataforma en donde me enseñaran a monetizar mi creatividad y a profesionalizarme en mi industria. Durante muchos años aprendí haciendo. Equivocándome, montando bodas, resolviendo problemas, viajando, observando la naturaleza, trabajando con otros creativos y desarrollando mi propia manera de entender las flores. Creative institute nace justamente de ahí. No quiero enseñar a las personas a hacer las cosas como yo las hago. Quiero darles herramientas para que descubran cómo las harían ellos. Me interesa formar creativos con identidad, con criterio, que sepan cobrar su trabajo, dirigir equipos, construir una marca y entender que la creatividad también puede convertirse en un negocio rentable.


Has reunido a 26 creativos de México, Guatemala y Estados Unidos para trabajar en comunidad ¿Qué aprendiste como líder al dirigir la energía de un grupo tan diverso?
Algunos ya habían tomado clases conmigo o seguían mi trabajo desde hacía años, pero muchos llegaron por primera vez a Guadalajara desde diferentes lugares con algo en común, querían salirse de lo conocido. Eso fue una de las cosas más poderosas de Overgrown. Había estilos, edades, experiencias y personalidades completamente distintas. Y mi trabajo como líder no era hacer que todos pensaran igual.
Aprendí que dirigir creatividad, no significa controlarla. Significa marcar una intención, construir confianza, poner ciertas reglas y después saber hacerse a un lado para permitir que sucedan cosas que probablemente tú sola nunca hubieras imaginado.
¿Cómo nació tu pasión por el diseño floral y en qué momento lo integraste en la monumentalidad de las obras que desarrollas?
Mi relación con las flores empezó hace más de 15 años, de una manera muchísimo más intuitiva que planeada. Simplemente me atraparon. Con los años entendí que lo que realmente me apasionaba no era solamente hacer arreglos florales, era transformar espacios y provocar emociones. Dejé de pensar únicamente en la flor y empecé a pensar en arquitectura, recorrido, volumen, proporción, color, textura, luz, movimiento y en lo que una persona siente cuando entra a un espacio. Mi cabeza ya no está pensando solamente como florista. Estoy pensando en crear una experiencia.


¿En qué se diferencia tu labor formando artistas, de tu trabajo diario en eventos, bodas o en la florería?
En una boda o en un evento existe un cliente, un presupuesto, un espacio, un tiempo y una expectativa que resolver. En la florería existe además un componente emocional muy íntimo, alguien manda flores para decir algo. Creative Institute tiene otra intención. Aquí el cliente es la creatividad misma. Podemos experimentar, equivocarnos, cambiar una idea a mitad del proceso, probar una mecánica, exagerar una escala o construir algo simplemente porque queremos descubrir qué sucede. Y esa libertad es fundamental para mí porque después regresa a todos mis otros proyectos.
Mi proceso empieza preguntándome qué quiero que sienta una persona frente a esa obra
Tus instalaciones son como esculturas ¿Cómo es el proceso para proyectar algo monumental sabiendo que tiene una vida finita?
Precisamente ahí está gran parte de su belleza. Trabajamos con un material vivo. Desde el momento en que comenzamos una instalación sabemos que va a desaparecer. Y lejos de parecerme triste, me parece profundamente poderoso. Mi proceso empieza preguntándome qué quiero que sienta una persona frente a esa obra. Después pienso en la escala, la forma, el recorrido, las texturas, la mecánica y finalmente en las flores. En las instalaciones monumentales hay muchísima ingeniería detrás de algo que después debe sentirse completamente orgánico. Me encanta esa contradicción. Construimos durante días algo destinado a desaparecer. Quizá por eso obliga a las personas a estar realmente presentes frente a él.
Desde Guadalajara estás construyendo una plataforma con proyección internacional, trabajas con clientes nacionales e internacionales ¿se está viviendo una nueva etapa de expansión creativa?
Creo que México está viviendo un momento creativo extraordinario. Durante mucho tiempo miramos hacia afuera buscando referencias. Hoy creo que el mundo está empezando a mirar hacia México. Tenemos una relación muy particular con el color, con la abundancia, con la naturaleza, con lo artesanal y con la celebración. Y cuando todo eso se combina con diseño contemporáneo, técnica y una ejecución impecable, aparece un lenguaje muy poderoso. Trabajo en Guadalajara, pero gran parte de nuestros proyectos sucede fuera. Creo que algo que nuestros clientes encuentran en nuestro trabajo es que no buscamos únicamente hacer algo bonito. Queremos que exista una idea, una emoción y una identidad detrás.
¿Cómo definirías el nuevo lujo mexicano?
Para mí, el nuevo lujo mexicano no tiene que demostrar lujo a través del exceso. Tiene que ver con la intención, la originalidad, la ejecución y la capacidad de crear algo que no podría existir exactamente igual en ningún otro lugar. Y creo que ahí México tiene muchísimo que decir.